¿Eres yo?

El mundo se ha parado. Y yo que me estaba enamorando. Da igual. Funciona así: el mundo se ha parado y no seré yo la que se oponga al mandato de los neurotransmisores. Una ola, así, una ola que cubre y agota. La serotonina, parece. No hay manera de imaginarse eso. Está en facebook: un moco desequilibrado, pero no me lo creo. Una luz azul que se enciende y apaga. Un niño pesado que aprieta el interruptor una vez, otra. Me estaba enamorando, pero ahora da igual. Así de poderosa la ola azul de serotonina yéndose que se enciende y que se apaga.
En la cocina, comiendo pan con miel, me vi arriba del todo, desde fuera, y supe que iba a desplomarme, por lo inquieta. Porque la miel se volvió azul, porque a pesar del amor se me durmió la cara. Se me cayó el párpado pesado. Braceé por el pasillo.
No sé si es absurdo. Lo sopeso cada vez. Si es así de absurdo. Si nunca se distrae. Imposible engañarle al dolor, pactar con él: un ratito dolor, un respiro. En la noche de insomnio me he ido a otro lugar. Y cuando me he levantado, allí continuaba. Sin dormir. El pensamiento choca primero con la frente, por dentro, como contra la pared de un frontón. Luego la idea da vueltas dentro de la cesta. Si lanzo con fuerza, sale. No quiero. Me deslumbra el blanco de la pared, dentro de un espacio trenzado y resbaladizo. Estoy caminando o barriendo pero me concentro en los músculos tensos de las piernas, la saliva entre los dientes, el brazo extendido de los jugadores. Voy sin querer hacia el olor oscuro y las marcas sobre el suelo. Reglas que desconozco. Es Absurdo. Más que el dolor. Más lejos. A punto de ser hacia algún sitio. Entender haría demasiado ruido.
He aprendido a estar tranquila. A hacer preguntas: ¿Para qué sirves? ¿Eres yo? ¿Cuándo te irás? ¿Te irás? El mundo se ha parado, y yo me tomo un veneno, dos venenos, tres. Aprovecho para imaginar cómo sería si no existieras. Todo lo que leeríamos. Todas las películas para ver cuando te vayas. Disfrutar, incluso, de las demás personas, y quizás volvamos a casa. Andando recto, un estómago intacto. El campo abierto no será aterrador. Gozar anticipadamente dentro de las náuseas. Disecar las sensaciones extravagantes. Escribirlo. Mientras esté pasando.
Me da por cosas. Siempre las mismas. Dulces, agua caliente, devastación, tirar del pelo. Por eso, me late al lado el dolor y es espeso, como batido de aguacate; soplo del espíritu me entra por debajo de la ceja, me sale como lágrima, virgen dolorosa. Como huevo, como oro fundido, como queso de untar. El lamido de mi madre me late a un lado, como a una potranca recién nacida. Saliva y leche de su cuerpo. No quiero irme nunca. A tener más jaquecas, a hacer dieta baja en grasas y sin cafeína, a pensar que soy afortunada porque hay razones para ello.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s