El Refugio

Hay una cosa que pincha. Pincha si te acercas, y si te alejas. Pincha cuando te quedas y te cubre toda esa soledad; si te alejas se produce un desgarrón. Una mata de zarzamoras del tamaño de un mundo. Era todo verde en algún lugar, las vecinas te guiaban con sus voces, buenos días, buenas tardes, ya te vas, has vuelto ya. No había nadie por el camino, tan perfecto que daba miedo. Si te bañas en las pozas de agua transparente de tu imaginación, los tritones rompen el fondo con sus puños y te ahogan sus colas plateadas. Un remolino de tiempo te traga, el perro olisquea por ahí, distraído; son demasiado grandes, demasiado azules, para una mente humana hecha de trigo y de minutos.
Fui una sola vez y me decepcionó, estos días no he subido. Porque estaba demasiado cansada, porque era demasiado distinto a lo imaginado: nada tiene que ver esto con las cumbres nevadas; pero está allá arriba, y no sé si lo veo desde este lado del pueblo, pero desde allí sí que podría verme, buscándolo. Un corazón gris que no existe. Si una embarazada vomita y vomita desde el principio, en la ecografía veremos una imagen en copos de nieve. Un útero más grande. Miro por la ventana, vuelvo al libro. Una vez me tiré desde la roca más alta. Bailé esa canción tocando una guitarra en el aire, junto a todos los demás. Mi cuerpo empezaba a cambiar dentro del bañador fluorescente con palmeras y piñas. Me quemé la pierna con el tubo de escape de su moto, y la ampolla, morada y circular, me daba vergüenza. La oculté. Tumbada sobre la roca miraba a mi madre aclararse el cabello en la cascada. Quiere salirse por la boca, la nieve, junto con los pelos y los dientes. Formaciones rocosas como campanarios, andando cuesta arriba entre polvo y olores. Hoy es hermoso; exactamente como lo imagino. Ocre, casi dorado. La avispa asiática ha llegado para quedarse. Escucho. Podéis usar drones o expertos en paintball para envenenar sus nidos. Las fiestas de agosto seguirán en otra vida.
El tiempo se queda enganchado, es difícil hacer cosas con sentido. Que las manchas parezcan mariposas de especies distintas, solamente. Si ves un pato utilizas el lado izquierdo del cerebro y te gustan las matemáticas. Si ves un conejo, si el pico era una oreja, eres una artista, utilizas el cerebro derecho. Puedes ver las caras de dos ancianos enfrentadas, o puedes ver dos jóvenes mexicanos cantando. Puedes ver una copa dorada entre ellos, como el jarrón vacío en casa de tus padres, sobre el mueble de la tele. Si un ojo húmedo, eres un romántico, si una lavadora que centrifuga, no. No dar vueltas. Volver atrás, recoger flores, o lo que sea que haya. Un fado. Todo lo que pudo haber sido y no fue. Recoger eso. Hacer mermelada de mariposas blancas con capullos cerrados de amapola.
Y si llegas arriba, las vistas son espectaculares.

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