El descampado

Átomo tiene los ojos amarillos. Se tumba debajo del banco, a nuestros pies, sobre la tierra suelta. Esta mañana han ido a coger lechugas, a vigilar que estén bien las gallinas, a regar las tomateras. Pero eran menos de las ocho de la mañana y el calor se podía aguantar. Ya no. Ha corrido detrás de una gallina, acorralándola. Pobre gallina. De cuando en cuando da un salto y se sube arriba, con nosotros, en nuestros regazos.
El pelo de Inchi es terciopelo negro y sus ojos, dos inmensidades. Brilla. Corre de sombra en sombra. Busca. Marca. Busca. Huele. Marca. Huele. Se concentra. Se congela. Marca. Busca. Huele. Mira. Se ha quemado una parte grande del descampado. Ayer llegamos por la tarde, aparcamos y lo vi, negro bajo el sol. Ya tenía recuerdos de cuando los cantuesos cerca de la charca, de aquella flor granate tan grande. De los caminos por los que pasamos, una y otra vez, aplastando la hierba con las seis pisadas. Un mapa de olores de otros, de los árboles, de los animales. El aire se reordena para aceptarnos dentro mientras silbamos. Lo sabe él, que construye el mundo mientras huele, rico y profundo. Lo llena de su presencia. Ahora, en este instante, en que yo miro el campo calcinado y tira de mí, hacia los lugares aún verdes. Respira por la boca, mueve el cuerpo entero. Se congela. Se pega al suelo. Suben y bajan sus costillas. Saca la lengua entera. Marca. Busca. Mira. Huele. Busca. Me encuentra.
¿Por qué tienes tu cara blanca llena de cicatrices? ¿Por qué te dan miedo niños y hombres? ¿Por qué todos los ruidos de la ciudad? Sombra es un miedo grande, un cuerpo ondulado de color blanco ¿Cómo vivías? ¿Dónde? ¿Cómo iban a matarte, tan grande, tan blanca? Cuando está asustada, se arquea como una luna. Átomo viene ladrando. Inchi no ladra, gime o aúlla. Mirar. Oler. Temblar. Correr. Lamer. Marcar. Escapar. Buscar. Buscarse. Nunca nos contarán lo que pasó.
Ra pasa veloz y de repente, adopta la pose de muestra, le miramos y frente a él, hay una pequeña mariposa amarilla. La observa fijamente. La mariposa revolotea a menos de un metro. Y así están un rato. Sus orejas de color canela junto al suelo, el cuello estirado, la pata doblada. Largo. Quiere cazar mariposas. Correr sin parar. Oler profundamente hasta llegar al núcleo. En un momento salta, mastica en el aire, y la pequeña mariposa se va volando, sin enterarse de nada. Entonces corre, se va, se va, se va, rápido, y de repente, recuerda que puede volver. Y vuelve corriendo.
Elegante y triangular, debajo de las ramas, se estira. Cava. Llama, debajo de las ramas, buscando la frescura. Camuflada. Quiere estar allí y quiere estar más cerca también. Desdoblarse. Suspira mirando a otro lado, se levanta y camina detrás de Sombra, que se asusta y se va, aún más allá, aunque quiera estar aquí, cerca. Su larga cola como una trenza.

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