Cantar

Creo que me entretuve decidiendo si llevarme o no el paraguas, si llevarme o no comida, si el abrigo o el impermeable; cuando llegué, el autobús estaba a punto de marcharse sin mí. Corrí bajo la lluvia, entré, y vi al fondo las pelucas moradas.

Cristina ha vendido su casa, se han comprado una autocaravana y va a viajar por el mundo. ¿Sabes por qué las vacas lecheras dan tanta leche? Las mantienen preñadas permanentemente y después les quitan enseguida a sus terneros, para que no puedan mamar. La leche de sus hijos te la bebes tú. ¿Sabes por qué las gallinas dan tantos huevos? ¿Sabes qué es un huevo, exactamente? Uno de sus hijos pequeños se pasó un semestre junto a un columpio, sin hablar, y luego floreció.

La carretera tiene tantas curvas antes de llegar a la autovía, las niñas se marean, y yo también. María ha preparado en casa sus pancartas. ¿Por qué os da tanto miedo la igualdad? Bebo zumo de naranja con Cristina, nos comemos sus frutos secos. Hay familias que viven viajando. Le cuento que una vez leí un artículo sobre una de Argentina: no había planes, todos les ayudaban, la familia iba creciendo por el camino. Reparten papelitos con la letra de una canción para cantar juntas. El mundo les sostenía. Pienso en los ojos de mi perro, en su sencillez, en su sensibilidad. Y me pregunto qué le diferencia de una vaca, de una gallina. Lo que me diferencia a mí, ahora, es que tengo la experiencia del amor por él. Eso no se lo cuento, pero quedan por ahí flotando sus preguntas.

Cuando llegamos al final del paseo del Prado, al girar hacia la calle Alcalá, estábamos demasiado apretados y sentí miedo. María se quedó a mi lado y dejamos seguir a las demás. Nos colocamos bajo un sujetador gigante y ambas pensamos que estaba hecho con gran delicadeza, hojas bordadas en la zona de la espalda, encaje en los tirantes. A su abrigo, fuimos hasta un extremo de la calle, impresionadas, conmovidas, con lo que ocurría. Estuvo a mi lado todo el tiempo. Nos comimos sus bocadillos. Cantando, gritando con las demás, alzando los brazos. Mi grito de mujer en un mundo de hombres. Cuarenta y un años.

La garganta viene como nunca. Las gotas que salen disparadas te mojan la cara aunque todavía estés lejos. Es  la sensación de fuerza indómita que se ha de tener al mirar unas cataratas enormes, las de Iguazú, por ejemplo. Quise ir allí. A cataratas. Me contaron que hay mariposas enormes. Que una se posó en el hombro de su hija. Entonces mi mente viaja hasta una escena concreta de una película, y me entran ganas de llorar, pero no se nota porque mi cara está empapada de agua. La hemos ensayado en el coro. Gabriel´s oboe. Mi voz y la de mis compañeros. Juntas. Juntos suena tan bonita cualquier canción. Con mis compañeras, como aquel jueves ocho de marzo.

 

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