En Navidad todo es rojo y verde

En Navidad todo es rojo y verde. El espíritu del acebillo, el acebillo que hemos visto estos días junto al camino, ese que va por encima de la carretera, pasando los bungalós verdes, tan silenciosos en invierno. Las nubes negras detrás de los robles amarillos, el viento levantando la tierra seca, y el acebillo encendido, escondido. Una corona de Navidad para estos Saturnales helados. El perro encontró una quijada y a los lados, veíamos praderas y montañas. Empezó a llover despacio. Acebo menor, acebo pequeño, achibarba, albernera, argallúa, arrayán silvestre, brusco con aguijones, carrasco, cegueras, cornicabra, escobina, hierba de los ratones, hoja de palma, jusbarba, mirto de los judíos. Pequeño acebo, ramo de las guindas, rusco, sardonera, vara de San José, verdenace, zaquemí. Tráenos la Lluvia y haz crecer al Sol.

Flor de Navidad, corona del Inca, nochebuena, flor de Pascua, pastora, que alegras mi casa. [Cuetlaxóchitl, en el náhuatl de los mexicas: flor que se marchita; que vienes de México, del sur, con tus hojas de fuego. Que adornaste el interior de las iglesias donde los ángeles son negros y las piñas cuelgan de las bóvedas. No te enfades por mi torpeza al cuidarte y tráeme fortuna, salud, vigor, pasión. Recogí un tronco y lo quemé en la noche del solsticio. Rodeado de plantas siempre verdes y de miel estuvo en mi casa. Lo quemé a fuego lento y ahora, esas cenizas lo curan todo.

El espíritu del bosque me visita estas largas noches, se convierte en mi abuelo, que entra sonriendo con una cesta llena de musgo. Se convierte en una hiedra de eternidad alrededor de mi cuello, porque he resucitado. Rezo a Osiris, a Atis, que esquivaron a la muerte. Un año más. Paso mis manos sobre el musgo, lo aprieto contra las piedras llenas de pureza que rodean este sitio. Camino por sendas cada vez más estrechas para encontrarme con el musgo y hablarle a mi abuelo. Vaciamos juntos su cesta en la vereda, hacemos un belén sobre las piedras, y rezamos, agradeciendo el aire. Llevo una cruz verde sobre el pecho, para que nunca se me olvide.

Los pueblos del Norte, al árbol del Universo lo llamaban Yggdrasil. En su copa, la morada de los dioses, su palacio, Asgard, el reino de los muertos en sus raíces más profundas, Helheim. Adornado para celebrar el nacimiento del Sol. Pohutukawa, râtâ de los maorís, hojas jóvenes con finos vellos de color óxido, raíces aéreas enredadas y fibrosas, creciendo sobre los campos de lava. Árbol del Paraíso de cuyos frutos comieron Eva y Adán. Árbol de Vida eterna, perenne y tringular. Árbol de Jesé. De la sangre del gigante Gerión, vencido por Hércules, nació un árbol que daba frutas sin hueso en la época en que salen las Pléyades. Madroño, que protege las casas y acompaña a los muertos. Árbol sagrado. Frutos que nos deja la Tierra al alcance de la mano, para nosotros y los pájaros, en estos paseos invernales.

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