Tótem

Volvíamos en coche por aquel camino que va desde el pueblo  hasta el puente sobre la garganta, el sol de frente, era por la tarde. Entre el resplandor  vislumbramos  a una cabra en medio del camino, del mismo color que el polvo, con una enorme barriga.  Brillaba y se bamboleaba. Estaba a punto de parir. Luego aparecieron las demás, los perros, el pastor. Un tótem. Como una visión, se me quedó gravado el paso lento y el pelo claro de aquella cabra joven.  A contraluz.

En una cueva de Creta una cabra amamantó a Zeus, se llamaba Amaltea. La diosa Rea, esposa de Cronos, para preservar a su hijo de la voracidad de su marido, que devoraba a sus hijos conforme nacían, lo escondió en el monte Ida, en esa isla. Zeus, de niño, jugando con uno de sus rayos, rompió accidentalmente un cuerno a su nodriza, que en adelante sería el cuerno de la abundancia, y proporcionaría dicha y riquezas sin fin en la tierra. Al cielo, subió el cuerno partido y creó la constelación de Capricornio. Quizás la propia Vía láctea se originó al romper Zeus la Cornucopia, y las gotas de leche derramada formaron las estrellas. Al morir la cabra Amaltea, Zeus continuó vistiéndose con su piel: la égida que le hacía invulnerable.

Vemos Capricornio entre Julio y Noviembre. Hay que buscar un triángulo de estrellas que dan forma a la cabeza, en una zona del cielo rodeada de constelaciones acuáticas: El mar. La blanca- amarilla γ Capricorni, Nashira, del árabe “Al Sa’d al Nashirah”: portadora de buenas noticias, está a 139 años luz y su luminosidad es 47 veces la del sol. La cabra, la cola de la cabra, la estrella de la suerte del matarife. Al oeste de Sagitario, al este de Acuario, al sur del Águila, al norte de piscis australis; fuera de la Vía Láctea. Con objetos del cielo profundo: exoplanetas del sistema Gliese 785, el cúmulo globular M30, las galaxias NGC 6907 y NGC 7103.

Cuenta Linneo hasta seiscientas especies que alimentan a las cabras. Comen con gusto y provecho el díctamo, el pentafilion y la cicuta ordinaria, huyen de la sabina, la zaragatona, y del fruto y hojas del bonetero, que las envenena y mata. En invierno, se alimentan con sarmientos de las viñas, ramas de olmos y fresnos, rábanos, nabos. En el año 2000 había en la Vera casi 30.000 cabras, hoy apenas llegan a 14.000. Cada vez hay menos cabreros, menos sonidos de campanillos, menos majadas y menos palabras.

Se las saca a pastar de mañana, y al atardecer, regresan al corral. Las otras, las libres, miran al cielo y nos intuyen desde las cumbres. Los grillos cantan dentro de casa estas noches, y por la tarde, vamos a recoger piñas secas para encender la estufa de leña. Huele tan bien el pinar mientras lo recorremos, silenciosamente, bajo las sombras y sobre el suelo, acolchado de ramas secas y acículas. Se acercan las lluvias y el frío.

 

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