El péndulo hebreo

Hay dos teorías sobre la viborera, una es que nos salva en el caso de picadura de víbora; la otra, que la planta crece en los lugares donde hay víboras, y así nos avisa. Siempre es de ayuda. Si nos pica un alacrán hay que recoger briza, pequeñas crisálidas vegetales que se agitan con el viento.
En un momento mi cara es de la arena del camino, arena bajo el sol, y se va deshaciendo. Luego soy solamente arena y calor. Abro unos ojos desde dentro de la Tierra y a mi alrededor todo se vuelve rojo, giro y giro, cada vez más rápido. Estoy dentro del útero. Nazco. Me colocan un gorrito blanco, una camisetita blanca, junto a mi madre. Luego soy mayor: una niña de cinco años que levanta las manos y baila y gesticula. Me veo de espaldas, de lado y por delante, bailo en torno a mí, y me sonrío, muchos años después, tendida en una colchoneta junto a otras personas. Escucho sonidos y cantos. La niña de cinco años está a contraluz con una camiseta de tirantes, en medio del monte, allí atardece, aquí son las doce de la mañana. Hay un ventilador cerca de mi brazo izquierdo, otros brazos, nos tocamos y nos separamos; cada pocos segundos una ráfaga de aire frío me hace revivir las noches tropicales muy lejos de aquí. La niña crece en tamaño y llena un cuerpo más grande, el mío de ahora. Su piel está bronceada y el sol se va poniendo. De repente huele a algo muy especial que no identifico del todo, el olor del pinar a la salida del pueblo en estos días calurosos. Al campo lleno de manzanilla, poleo, menta y orégano. Despierto.
Hay personas que piensan que el cuerpo responde cuando se le pregunta. Para identificar un problema, pueden pedir, por ejemplo, que mientras se está tumbado se sostenga sobre el abdomen una pequeña cantidad de una sustancia potencialmente dañina para nosotros: alimento, tóxico, emoción. Entonces se ponen a prueba los músculos, y si se es sensible, presionarán hacia abajo nuestros brazos y nosotros no podremos resistir. O tal vez se trate de un sentimiento, una etapa de la vida, nuestra o de nuestros antepasados, una persona: al llenar nuestra mente con ello nuestros dedos se quedarán sin fuerza. El cuerpo habla así. De la jara se extrae ládano. A veces lo que necesitamos es el poder de las plantas. Achicoria, gordolobo, brezo o tomillo.
Tumbada, con la cabeza sobre las manos, pienso: lo mejor que se puede hacer por otro es tocar su cuerpo. En aquella bahía de cien islas entre las ramas de los árboles volaban colibrís. Aquí, la luz es suave y otras respiraciones me acompañan. Las voces de la calle llegan hasta nosotros, la vida radiante de un domingo a medio día en Madrigal de la Vera.
El hipérico y la verbena son las hierbas de San Juan, nos alegran el corazón.

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