Alegría y los vetones

Los reciarios combatían con los secutores; la cabeza descubierta y armados de una red, un tridente y un puñal. Su habilidad consistía en lanzar la red para cubrir a su oponente por la cabeza, inmovilizarle y clavarle el tridente. El casco de los secutores era completamente liso, para evitar ser atrapados por los reciarios, con pequeños agujeros para los ojos que apenas les permitían ver, y llevaban el clásico escudo rectangular curvado del legionario romano. Su arma era la espada corta y recta del gladius. Luchaban sobre la arena, en la plaza de toros de mi pueblo, una especie de “pressing catch” como el que estuvo mi hermano viendo por la tele durante toda su infancia. Missum o yugula, en medio del bochorno. Había allí antes una morera, la cogíamos para los gusanos. Recuerdo aquellas tardes polvorientas y el tiempo encima de los lomos brillantes de las salamandras. Tragos de agua como cuchillos, con el sol detrás nuestro sobre el campo de fútbol, y los bolsillos húmedos llenos de esas hojas.Aquel sitio de rosas arrancadas sobre delantales.
La música de Acetre sonaba en la plaza mientras las luciérnagas de antes volaban por la calleja, y las voces de tía Martina y de tía Carmen hablaban en la noche sobre periquitos rosas y blancos que se abren y perfuman el aire. También venían de Olivenza las mujeres junto a la fuente que hacían vestidos y jabones. Y antes, de más allá, del Chaco, en Argentina, chaku en quechua -territorio de cacería- habitado por qom, pilagá, mocovíes, abipones, wichíes, mataguayos, chorotes, chulupíes, nivaclés, chiriguanos, tapietés, chanés, tonocotés. Una inmensa alegría les envolvía cuando la luna llena brillaba en el cielo, y cuando reaparecían las Pléyades en el mes de mayo: anunciaban la estación de las nueces de mbocayá, y los jóvenes tiraban de sus narices para mejorar su forma. Eschetewuarha, Madre de los espíritus, cuida de que el Sol no queme a la tierra, de que la Humanidad tenga agua, y espera de los hombres que canten para ella todas las noches, y los castiga si descuidan su deber.
“Vettones” fue como los historiadores romanos llamaron a los pobladores indígenas de la parte occidental de la península ibérica. Los salvajes. Viriato, unos de ellos, luchó contra los romanos, fue asesinado y, con el tiempo, pasó a encarnar el ideal del guerrero lusitano y el “espíritu del pueblo” tanto portugués como español. Fue utilizado como símbolo por la dictadura de Salazar hasta que, con el surgimiento en los años 60 de los movimientos independentistas de Angola y Mozambique, su impronta desapareció de los libros escolares por el riesgo de que las colonias africanas se identificaran con él. También se intentó asociar la figura de Francisco Franco con la de personajes heroicos de diversos episodios de la historia peninsular, como Viriato o el Cid Campeador, por ejemplo. Hispania, la leyenda.
Los mbayá del chaku miraban al horizonte y saludaban al Lucero del alba: “Aquí viene nuestro amo”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s