Parques y jardines

Hice una foto con el móvil y se lo envié a mis amigas más queridas, no era para menos: el jardinero había logrado mágicamente con su poda extraer de aquel arbusto una tetera inclinándose delicada sobre una taza. Seguí caminando entre esculturas vegetales sorprendentes. No había nadie, los bares aún estaban cerrados, solo algún coche pasaba de vez en cuando. Los conejos verdes de ojos saltones me vigilaban desde la acera, y yo buscaba un café con leche en el extraño mundo.
Alrededor del año 100, Plinio el Joven escribe a su amigo Apolinar una carta en la que, con igual sorpresa, le describe los jardines de una villa en Toscana: “Delante del pórtico está el xisto –jardín-, dividido en muchas figuras y adornado con boj; más adelante hay unos bancales pequeños y en declive, dentro de los cuales, también con boj, se perfilan los rostros de diversos animales, unos frente a otros; en los espacios llanos hay acanto flexible, casi diría líquido. En torno al xisto gira un paseo o deambulatorio (ambulatio), flanqueado por plantas perennes dobladas y recortadas de varias formas. De éste se pasa a un paseo más ancho (gestatio) en forma de círculo, que circunda el boj y los arbustos trabajados a mano. Todo está delimitado por un muro sin argamasa; éste, no obstante, queda oculto a la vista al estar cubierto de boj modelado en gradas. No menos digno de verse desde el xisto, además de las cosas ya vistas por razón del artificio, es el prado, por su gracia innata”. Topiarius, jardineros ornamentales, creadores de lugares. Topiaria, arte de crear lugares.
Se suceden coronas, cruces, cabras montesas, un campeón de baloncesto. Caballos que se encabritan, ciclistas, mariposas posadas sobre el césped. Letras y patos. Bolas grandes y pequeñas, árboles en pedazos, esferas suspendidas entre cuadrados. Triángulos de formas redondeadas. Cuerpo vivo y galería. León Battista Alberti, en la Florencia del siglo XV, diseñaba jardines con pórticos, templos, floreros, urnas, monos, gorilas, bueyes, osos, gigantes, hombres y mujeres, guerreros, brujas, filósofos e incluso Papas y cardenales. En el XVII la nobleza organizaba fiestas en los jardines de los palacios y se divertían escondiéndose entre laberintos tallados escultóricamente sobre impresionantes setos. Lo que no hay en la Naturaleza, solo en la imaginación de los hombres.
La Ilustración europea, en su empeño por buscar la verdad y eliminar disfraces, significó la decadencia de la topiaria, que tacharon de artificial y frívola. Comenzó un fuerte debate acerca de la naturaleza de la belleza. Siguiendo a Platón, la supremacía de las formas naturales parece clara: la sierra del Losar de la Vera al fondo, las gargantas cantarinas, los pastores que recitan versos. Otros decían que la belleza artística es superior a la belleza natural, y las clases altas británicas del periodo victoriano volvieron a poner de moda este arte un siglo después. Antiguos símbolos de poder y de estatus, a ambos lados de la carretera. Al final encontré mi café, con tortilla de patatas además.

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