Banquete

En un bar de la plaza cenamos morcilla de Burgos a la plancha con virutas de foie, chipirones encebollados, ensalada de la casa con huevo duro, caballa y tomatitos cherry. Irene Sanchez Carrón recitaba más tarde ese poema en que habla de cuando era muy niña y las viejas se peinaban como diosas; del ritual y las charlas, de ese recogido que tanto le gustaba y que “(…)acababa cubierto por un pañuelo negro,/ un día más, oculto,/ un día más, perfecto.”. Laura Wittner se pregunta por qué las mujeres nos quemamos con el horno. La salsa romesco lleva tomates y ajos asados, preferiblemente en un horno de leña, también pimientos rojos secos del tipo “cuerno de cabra”, almendras tostadas, pan, romero, aceite de oliva, vinagre, pimienta y sal. Encima de las rodajas de berenjena asada, es exquisita. Encima de los champiñones, de los medios tomates, de los pimientos rojos y verdes. Los gambones al ajillo estaban tiernos y un poco picantes. Y las puntas de solomillo, en su punto.” La marquita roja la tenemos todas,/(…)/ si la miro muy fijo, sobre el radio,/ se me despliega en tres,/(…)/ la muñeca de mi madre, de mi abuela, la de mi hija,/ picada de mosquitos, pulida y ya dispuesta,/ a la rejilla ardiente.”. Desayunamos tortilla de patatas y un café con leche fuerte y espumoso, y pedimos que apagaran la tele para disfrutarlo. La mañana siguiente atravesamos la plaza bajo el cielo nublado con Susana Szwarc, después del té y el tostado, para ir a su lectura en Las Claras: “(…) Un vestido rojo vuela por el aire./ Bárbaras somos/en este anonimato del murmullo./ Porque nos reconocemos, bailamos./ Entonces se olvida el frío.”. Comimos brochetas de langostinos y mero, ensalada de salmón con salsa rosa, café con nata. En el pub donde yo iba de adolescente, el Impacto, Ada Salas decía esos poemas que parecen oraciones: “Tú baila y mientras bailas/ aprende lo que dice –lo que muda/ no muere- aprende/ lo que dice/ la canción del otoño…”.
El domingo lluvioso terminó en la cocina de mi madre, comiendo arroz con grandes pedazos de magro adobado, una naranja ácida y llena de zumo, otro café. La voz de Diana Henderson me acuna desde esa otra cocina, en Rosario: “Del freezer sale un ruido de viento polar/que me hace pensar que hay mundos/ adentro de las cosas./(…)/Apoyo la cabeza en la alacena/ y hago shhh a las decisiones postergadas…”.
Ya es miércoles de ceniza. Hace mucho, durante el recreo, corríamos por la cuesta hacia la iglesia. El cura nos esperaba para marcarnos la frente con una cruz de ceniza. Luego volvíamos otra vez corriendo a la escuela, el día nublado y húmedo, el verde de las tapias. Ceniza de los ramos bendecidos, quemados, del Domingo de Ramos del año anterior. En el balcón colgaba todo el año la rama de olivo, mi abuelo la traía, feliz, la ataba donde siempre. Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás.

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1 comentario en “Banquete”

  1. Ai mi chica que bonito escribe
    Su anhídrido carbónico le sale
    de más abajo
    Preciosos días compartidos
    Que rica la No jaqueca ajaqueja desjaqueca

    Me gusta

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