El baile de la naranja

Antes, el día de San Sebastianino, el galán y la madama, o una bestia y un hombre vestido de mujer, o bestias hembra y macho, hacían un baile satírico con una naranja; luego se escondían por algún rincón del pueblo, y aparecía la carantoñina chica, a la que se alimentaba con las papas. Aquello lo prohibió el obispo de Coria por ser cosa que ofendía la moral y las buenas costumbres. Ahora las carantoñas reparten las papas entre la gente, símbolo, tal vez, de fertilidad. Antes daban más miedo, fustigaban más con sus ramas de acehúche y hacían más marcados sus extraños movimientos al caminar. El pueblo olía a leña ya desde el desvío, y una niebla fría rodeaba a aquellos personajes mágicos.

Las lupercales eran unas fiestas que se celebraban en la Antigua Roma hasta el año 496,   en que las prohibió el papa Gelasio y se les dio un carácter purificativo. El rito se iniciaba en la cueva Lupercal del monte Palatino, donde la Loba amamantó a Rómulo y Remo. Un sacerdote sacrificaba un macho cabrío, tocaba la frente de los lupercos, los jóvenes participantes elegidos, con el cuchillo teñido con la sangre y a continuación borraba la marca con un mechón de lana impregnada en leche de cabra. Entonces los lupercos prorrumpían en una carcajada ritual y cortando en tiras la piel del macho cabrío, salían corriendo medio desnudos azotando con ellas manos y espaldas de las mujeres que encontraban en su camino; lo que les ayudaba a concebir y a tener buenos partos.

Hace muchos años sobrevino por los pueblos vecinos a Acehúche una gran epidemia de peste y los habitantes del pueblo se encomendaron a San Sebastián para que no llegara hasta allí. No llegó y fue el comienzo de la fiesta. En su martirio, cuenta la leyenda, las bestias del bosque respetaron al asaeteado San Sebastián, y cuando el santo sale de la iglesia atado a un naranjo, entre salvas de tiros y canciones, las carantoñas van delante reverenciándole. De dos en dos, dan un paso, se agachan un poco, dicen GU.

En la penillanura, donde los suelos son poco profundos y frecuentes los afloramientos rocosos, la principal actividad económica gira en torno a la cabaña ganadera, principalmente ovina y caprina: hay que asegurar la fecundidad del ganado y protegerlo de las bestias. El traje de las carantoñas es de pieles de oveja, cabra y zorro. Tienen un aspecto terrorífico. Fustigan y bailan con las mozas, las regaoras, con sus pañuelos de flores y sus zapatos bordados sobre el romero.

La vaca Tora espanta a las carantoñas, expulsa los males del pueblo, devuelve el orden. El favor de San Sebastián está asegurado un año más y nosotros, nos vamos a comer a casa de Felisa el cabrito y el queso mejores del mundo. Floretas con forma de cruz de cuatro brazos y flores de lis en sus extremos, bañadas en miel. Es el tiempo de los apetitos carnales.

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